- jajajaja ¿Pilorfo? ¿Así se llama tu duende sin orejas? No seas idiota Ana, no existen los duendes sin orejas -se burlaba Charo- no te creo.
- ¡Par de estúpidas! no existen los duendes sin orejas ni con orejas -nos decía Juanjo desde su cama- no existen las hadas, ni los elfos, ni las sirenas.
- ¡Las sirenas si existen! -respondió Charo molesta, casi ofendida- yo vi el otro día en Discovery que captaron unas con...
- Osssssshhhhh no sabes como me molesta la gente que cree que si sale en Discovery, es por que es cierto -Juanjo regañando a Charo mientras se levantaba de la cama- todos esos programas son patrañas que crean morbo en la sociedad para que dejen de pensar en cosas importantes como la fi...
Y entonces vi fijamente a Juanjo, no puse atención a lo que decía, sólo empecé a imaginarlo con la piel morada y arrugada, con fresas como ojos y rascándose la cabeza con la parte plana de un martillo.
Después miré a Charo, al principio noté que estaba enojada y hablaba con prisa, pero igual no sé que decía, solo la imaginé con un abrigo de hormigas, las hormigas estaban muy bien organizadas y formaban figuras hermosas, como si el abrigo fuese de encajes, pero las hormigas se movían creando más y más figuras y yo me sentía mareada.
Luego Juanjo se acercó a Charo y ella lo empujaba con su largo y blanco dedo índice, él aventaba la mano de Charo, ella le daba golpes leves en la cara, entonces yo vi, bueno imaginé, o lo que sea, que las hormigas del abrigo de Charo se comían los ojos de fresa de Juanjo y el martillo rascador de Juanjo golpeaba la cara hermosa de Charo.
Imaginé el cuerpo de Charo flotando en nubes negras, nubes negras con diamantina negra, resaltaba su piel blanca, sus pecas en la cara y sus pezones rosas, recuerdo sus ojos fijos en mí y los hilos de sangre que corrían por su piel.
Juanjo sentado en la cama, desconcertado rascaba su cabeza, limpiaba el martillo y se rascaba con él, no tenía ojos, solo un par de huecos rojos y me decía algo que no recuerdo, se acercó a Charo que estaba tendida casi en el piso, sobre las nubes negras, la besaba y acariciaba su cabello, pero Charo estaba inmóvil, viéndome.
- No sé qué pasó, ella me sacó de quicio me cree estúpido, ella es la estúpida, cree en sirenas y duendes... ¿Qué voy hacer? -Lloraba Juanjo- ¡Ayúdame Ana CARAJO! llama a una ambulancia o toma, cubre a Charo ¿pero qué hice? Perdóname Charo por favor resiste, Dios si me ayudas te prometo ser una mejor persona, ya no voy a beber, ni fumar esas madres, por favor ayúdame Dios.
Entonces mientras yo encendía la segunda pipa de las "madres" a las que se refería Juanjo le pregunté -¿Te conté de Pilorfo, mi gato sin orejas?
Entre tos y de forma casi inaudible Charo preguntó -¿Gato... qué no era un duende?-
- No Charo, era un gato, los duendes no existen -le contesté-
- Los duendes si existen -dijo Charo- pero todos tienen orejas.
Y rápido Juanjo corrió a donde estaba Charo, sonrió en señal de alivio y le dio un último golpe, un último beso y le cerró los ojos, esa fue la última vez que Charo me vio, pero no la última vez que yo la imaginé.